 |
El cultivo del olivar comenzó hace unos 6.000 años
en los países del Mediterráneo oriental y se atribuye al genio de los
sirios y palestinos el desarrollo de las variedades que, con destino ala
producción de aceite, habían de extenderse por todos los países
mediterráneos. El aceite de oliva, tuvo gran demanda en el mundo antiguo
siendo empleado como alimento, como combustible para las lámparas, como
medicina y con fines cosméticos.
Por lo que o su composición en ácidos grasos se
refiere, la principal característica del aceite de oliva, que le
diferencia de otros aceites comestibles, es su riqueza en ácido oleico
Otra cuestión importante es el contenido del aceite
de oliva en ácido linoleico que es un ácido graso poliinsaturado con dos
enlaces dobles. El organismo animal es incapaz de introducir enlaces
dobles en esta posición y por esta razón el ácido linoleico es
indispensable para nuestra nutrición.
Las necesidades de ácido linoleico del hombre adulto
pueden estimarse en un 2 por 100 de la energía total de la dieta. Una
'persona que consume una dieta diaria de 2.700 kilocalorías, por ejemplo,
necesita por tanto unas 54 kilocalorías de ácido linoleico, lo que
corresponde a 6 gramos del mismo. Esta persona puede satisfacer sus
necesidades de ácido linoleico si su dieta contiene, como única grasa,
60 gramos de aceite de oliva.
El aceite de oliva es más estable que otros aceites
vegetales. Su fracción insaponificable contiene tocoferoles y
polifenoles, y otros antioxidantes que hacen el aceite de oliva bastarte
resistente a la oxidación. E, aceite de oliva es poco afectado por el
colora la temperatura habitual de la fritura. Convenientemente envasado
conserva sus propiedades durante tiempo.
Los grasas, como es sabido, poseen el valor calórico
más elevado de los tres "principios inmediatos -hidratos de
carbono, proteínas y grasas-. Un gramo de grasa libera aproximadamente 9
kilocalorías al ser oxidado en el organismo, mientras que los hidratos de
carbono y las proteínas poseen un valor calórico de 4 kilocalorías por
gramo. En consecuencia, la
proporción de grasa en la dieta es el principal determinante de la
densidad calórica de la misma. Una persona que realiza trabajo físico
intenso puede necesitar diariamente 3.500 o más kilocalorías por día.
La presencia de una cierta proporción de grasa en la dieta hace posible
suministrar esta energía sin necesidad de aumentar indebidamente el
volumen de la dieta.
 |
La razón del interés actual por la cantidad y
naturaleza de la grasa de la dieta se debe a que existe una relación
entre el consumo de grasa v el desarrollo de ciertas enfermedades. El
proceso arteriosclerótico, cuya complicación clínica más importante es
el infarto coronario. es uno de las más importantes causas de muerte en
los países más desarrollados.
La llamada hipótesis dietética de la
arteriosclerosis (Diet-Heart hypothesis) postula que la relación entre
consumo de grasa y mortalidad coronaría se debe al efecto que las grasas
de la dieta ejercen sobre los niveles de los lípidos del plasma,
particularmente el colesterol. Los resultados obtenidos en repetidos
experimentos indica que los ácidos grasos saturados producen una elevación
de los niveles de colesterol, mientras que los ácidos grasos
poliinsaturados lo rebajan.
Las grasas y aceites ricos en ácidos grasos
poliinsaturados rebajan la cifra de colesterol total.
Los experimentos realizados por el Dr. Grundy y sus
colaboradores en la Universidad de Texas (Dallas), han sido comprobados
por los realizados por el Dr. M. Katar en la Universidad de Wageningen
(Holanda). En estos experimentos, utilizando sujetos normales (varones y
hembras), se demostró que una dieta rica en hidratos de carbono y una
dieta rica en, una grasa monoenoica (aceite de oliva) producen niveles de
colesterol total semejantes, e inferiores a los observados cuando los
sujetos consumían su dieta habitual. Al mismo tiempo, pudo confirmarse
que la dieta rica en hidratos de carbono producen niveles de triglicéridos
más elevados que la dieta con aceite de oliva.
La información que actualmente poseemos indica pues,
que en la prevención dietética de la arteriosclerosis las grasas
monoenoicos en general, y el aceite de oliva en particular, pueden ser las
grasas más adecuadas.
Los hechos que se han presentado están de acuerdo
con otro hecho bien conocido desde hace años la baja mortalidad coronaría
que se observa en los países del área mediterránea, que consumen
habitualmente aceite de oliva.
En resumen pues, las grasas monoenoicas, de las que
el aceite de oliva es o más conocida, pueden considerarse en el momento
actual las grasas más convenientes para la prevención del infarto
coronario y las complicaciones cardiovasculares de la diabetes.

|